Los Muchos - Sesión en Estudio Marte
Produccion Musical, Producción Tecnica, Mezcla y Mastering
LOS MUCHOS – Sesión en Estudio Marte x Mangi
Parte 1: La Preproducción
Llegué a Los Muchos en octubre de 2023.
Con Gabi y Santu ya nos conocíamos de antes, de una jam de hip hop donde yo estaba tocando las teclas. Cuando me llamaron para sumarme a la banda, yo estaba en un momento de manija total. Ellos, por su parte, estaban acomodándose, buscando forma. Era el timing perfecto.
Con Gabi y Santu ya nos conocíamos de antes, de una jam de hip hop donde yo estaba tocando las teclas. Cuando me llamaron para sumarme a la banda, yo estaba en un momento de manija total. Ellos, por su parte, estaban acomodándose, buscando forma. Era el timing perfecto.
Entré y pasó lo que tiene que pasar cuando las cosas están alineadas: tocamos mucho, nos divertimos y jugamos a la música. Sin especulación. Sin presión. Solo música.
Ese fin de 2023, todo el 2024 y gran parte del 2025 tocamos como locos. Los temas se afianzaron. La banda empezó a sonar como queríamos. Había química real. Pero faltaba algo esencial para cualquier banda que quiera seguir jugando en serio: organización.
Sí, esa palabra medio incómoda.
“Saber venderse”.
Uf. ¿Venderme a quién? Yo solo quiero tocar.
“Saber venderse”.
Uf. ¿Venderme a quién? Yo solo quiero tocar.
Pero la realidad es que éramos ocho personas con distintos horarios, trabajos y compromisos. Y si queríamos que el proyecto creciera, necesitábamos cabeza además de corazón.
Ahí apareció la idea que cambió todo: grabar una sesión en el mismo lugar donde ensayamos todos los miércoles.
Yo acababa de comprar la Midas MR18, una consola que había deseado durante muchísimo tiempo. Me había costado llegar a eso. Y ahora tenía una herramienta real para grabar a todos al mismo tiempo. Quería capturar esa energía cruda, esa interacción viva que ya estaba pasando en los ensayos.
Por suerte, Los Muchos no solo dijeron que sí: se comprometieron con la causa.
Durante esos dos años yo había observado mucho. Soy así. En mi rol de productor necesitaba identificar qué estaba pasando realmente ahí adentro. Porque para mí ese es el rol del productor: saber ver en el otro y en el conjunto su esencia. Después, la música viene sola.
En mis inicios en el mundo del audio leí un libro que me cambió la perspectiva: El sonido de los Beatles de Geoff Emerick. Ahí entendí algo clave: no se trata solo de grabar bien, sino de entender los roles, las dinámicas, las tensiones creativas y cómo ordenar el caos para que la música florezca.
Una banda sin roles claros y sin organización es muy difícil que funcione a largo plazo. No por falta de talento, sino por falta de estructura.
Pero en el caso de Los Muchos, los roles ya estaban ahí.
Eran tácitos. Se sentían en los ensayos, en quién proponía, en quién sostenía, en quién ordenaba cuando todo se iba un poco de mambo.
Eran tácitos. Se sentían en los ensayos, en quién proponía, en quién sostenía, en quién ordenaba cuando todo se iba un poco de mambo.
No había que inventarlos.
Solo había que prestar atención y ayudarlos a reconocerse.
Solo había que prestar atención y ayudarlos a reconocerse.
La motivación era enorme: dejar plasmado para siempre el trabajo que veníamos haciendo. Eso hizo que todo empezara a fluir distinto.
Ensayamos durante semanas con auriculares en la misma sala donde íbamos a grabar. Ajustamos dinámicas. Pulimos arreglos. Cada uno aportó algo propio para que realmente suene Los Muchos y no otra cosa.
Nos juntamos aparte para trabajar las vocales. Escribir letras. Practicar melodías. Ahí Maru fue esencial para cohesionar y darle fuerza a todas las voces. Se escucharon ensayos completos, se hicieron cambios estructurales, aparecieron arreglos nuevos que acompañaban mejor lo que las letras estaban diciendo.
Elegimos seis temas que sonaran fuertes y que representaran ese momento de la banda.
Después se puso fecha.
Y ahí empezó el laburo real.
No solo musical. La sala se pintó entera.
Puli armó bastidores acústicos que mejoraron el espacio y además lo dejaron hermoso para la cámara.
Ferna ya estaba probando sus cámaras y pensando la narrativa visual: cómo pararnos, qué conexiones mostrar, cómo hacer que el espacio respire en video. Todas esas preguntas empezaban a aparecer y fue muy divertido de resolverlas, desarrollarlas.
Puli armó bastidores acústicos que mejoraron el espacio y además lo dejaron hermoso para la cámara.
Ferna ya estaba probando sus cámaras y pensando la narrativa visual: cómo pararnos, qué conexiones mostrar, cómo hacer que el espacio respire en video. Todas esas preguntas empezaban a aparecer y fue muy divertido de resolverlas, desarrollarlas.
La sesión todavía no había empezado, pero la banda ya estaba en otro nivel
.La idea era clara y casi cinematográfica.
El viernes llegábamos a la sala para dejar todo listo: cableado ordenado, líneas chequeadas, auriculares probados, ruteos armados en la Midas, prueba general de sonido. Que el espacio ya respire sesión antes de que empiece la sesión.
El sábado grabábamos.
Casualmente era el cumpleaños de Gabi, feliz cumple Gabi, así que la jornada tenía algo más que música: tenía ritual.
Casualmente era el cumpleaños de Gabi, feliz cumple Gabi, así que la jornada tenía algo más que música: tenía ritual.
Y el domingo grababa Alquimistas del Groove (mi banda, sí, ya hablaremos de esa sesión porque fue otro universo completamente distinto).
A medida que la fecha se acercaba, los nervios empezaron a crecer.
Nos reíamos diciendo que grabarse en cámara era como tocar en vivo. Y sí, era un chiste… pero también era totalmente real. La cámara no perdona distracciones. El audio tampoco. No hay edición que reemplace energía que no está.
Era una experiencia completa: tocar bien, sonar bien y además habitar el momento sabiendo que estaba quedando registrado.
Ahí es donde el ensayo jugó su papel fundamental.
Las semanas previas tocando con auriculares, escuchándonos críticamente, ajustando dinámicas y estructuras, hicieron que cuando apareció la ansiedad, no nos dominara. Estábamos presentes. Sabíamos qué estábamos haciendo y qué iba a pasar.
Y eso cambia todo.
Porque cuando una banda sabe lo que está haciendo, el miedo baja y aparece algo mucho más poderoso: intención.
La sesión todavía no había ocurrido, pero la banda ya no era la misma que en octubre de 2023.
Había método.
Había dirección.
Había una decisión colectiva de dejar algo plasmado para siempre.
Había método.
Había dirección.
Había una decisión colectiva de dejar algo plasmado para siempre.